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Sin título

Como cada mañana, Héctor pasó por delante de la alambrada que había en la calle camino de su instituto. Como cada mañana invernal, la niebla cubría la atmósfera y el sol aún no había salido. Como cada mañana Héctor miró hipnotizado aquel vacío entre la tienda de ultramarinos y la librería del señor Baldabiou. Las ruinas de un viejo cine, un puñado de sueños hechos escombro.

Era como si el vacío de aquella quietud absorbiese el alma de Héctor, transportándolo a otro mundo, como si la niebla le envolviese y le evaporase lentamente, él se dejó llevar. Cerró los ojos y aquella negrura fue tomando una forma femenina. La niebla moldeaba sus senos y sus caderas y sus labios de humo se acercaron a los suyos. Trémulos. Aterciopelados. Héctor pudo sentirlos pegados a los suyos, y su pelo sedoso y ondulado acariciando su cuello, y sus pechos desnudos rozando su camisa. Apenas unos segundos de un sueño eterno, y aquella ninfa se esfumo entre la humareda de un camión, y su rugido trajo a Héctor de vuelta a aquella alambrada, entre la tienda de ultramarinos y la librería del señor Baldabiou.

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Una respuesta

  1. Perruna! por qué no cuelgas alguno de tus dibujos?

    cuidate 😀

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